OUYA y el futuro de los videojuegos

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Oh, vosotros los que leéis, abandonad toda idea previa”.

Por si alguien no ha entendido la referencia (Cosa que no sería de extrañar viendo cómo trata España a la educación) es a la Divina Comedia, de Dante. El macizo de Devil May Cry no, el otro.
Sí, ese.

Desde los albores de los tiempos videojueguiles, cuando el sol de la Magnavox Odyssey arrojaba luz sobre el mundo, los jugadores hemos estado moviéndonos entre las opciones que tal o cual empresa decidía arrojarnos para saciar nuestra sed de consumo de entretenimient o electrónico. La gracia del tema es que eran -figuradamente- cuatro mataos los que decidían a qué y a qué no iba a jugar la gran masa amante de los bits con colorines y soniditos, y siempre dependiendo de las leyes del mercado y de la avaricia de grandes empresas para poder adquirir nuestros preciados tesoros con botones.

Por cierto, si alguien piensa que exagero, un pack de personajes para el Street Fighter VS Tekken cuesta veinte euracos. Luego dirán que piratear es caca. Desde luego es verdad eso de que emplear el sarcasmo con según qué gente es como atacar un castillo con merengues.

Obviamente, con el constante flujo de hardware mejorado para PC, hemos tenido la ocasión de disfrutar de grandes títulos independientes lejos de la garra de las compañías malas que insistían en apropiarse de nuestros dineros, lo cual supone una gran ventaja a la hora de descubrir obras maestras a precios irrisorios, como VVVVVV o Minecraft, que aunque se lo estén cargando con tanto meterle bichos, sigue siendo un juego genial. Sin embargo, ni que decir tiene que esto requiere una también constante renovación de hardware, y los equipos no tienen esa propiedad consolera de aguantar seis años y seguir haciendo funcionar juegos de última generación sin necesidad de invertir más dinero en la misma (A menos, claro, que seas posesor de una Xbox 360 y quieras jugar en línea). Y si miramos el catálogo independiente de las consolas de sobremesa, me concederéis que necesita una renovación urgente, si bien no por ello deja de estar exento de grandes hitos de los estudios pequeños, como Hydrophobia o LIMBO.

Ojo, que no digo que no haya juegos comerciales buenos, sino que normalmente las empresas no suelen invertir en ideas novedosas y se pegan a lo que saben que va a funcionar, léase FPS, juegos de zombies y sagas de renombre, y eso puede provocar que muchas grandes ideas nunca se hagan realidad.

Os joda o no, es lo que hay, damas y caballeros.

La cosa está así: El mercado consolero lo controla a grandes rasgos la gran industria, no todos tenemos un PC con el que mantenernos al día para jugar y sinceramente un cada vez mayor porcentaje de la población gamer pide desde lo más profundo de sus mandos un cambio.

Y ya iba siendo hora. Julie Uhrman, veterana del mundillo (Ejecutiva de IGN y otras empresas más, ya que nadie lo dice) ha traído al mercado OUYA, la pequeña consola de sobremesa basada en Android que funciona mediante el modelo de juego gratuito, que explicaré más tarde, porque ahora toca presentar las carecterísticas del bicho:

Procesador de cuatro núcleos nVidia Tegra3 modelo T33
1GB de RAM.
8GB de memoria flash interna.
Conexión HDMI, que soporta hasta 1080p HD
WiFi 802.11 b/g/n
Bluetooth LE 4.0
USB 2.0
Mando inalámbrico de controles estándar (Dos sticks analógicos, cruceta digital, ocho botones de acción, un botón de sistema) con panel táctil.
Android Jelly Bean
Ethernet.

Como sé que muchos de vosotros sólo entendéis de esto cuando lo veis, os dejo un vídeo de Shadowgun, uno de los juegos que OUYA es, a día de hoy, capaz de correr sin problemas:

httpv://www.youtube.com/embed/C_Ci2temTaA

Y como sé que os gustan los shooters, os dejo también el de Dead Trigger. Ambos vídeos corren sobre la auténtica consola:

httpv://www.youtube.com/embed/Tq83J1NIqQ8

Y os preguntaréis qué hace a OUYA tan especial. Pues bien, lo que la hace mágica es que cualquiera, literalmente, cualquiera, puede publicar sus aplicaciones y juegos para la máquina (Aunque no la tenga). De hecho, cada unidad OUYA incluye aplicaciones de desarrollo para que todo usuario sea capaz de programar su propia magia digital y hacerla disponible al gran público mediante el sistema de juego gratuito.
Este sistema dictamina que todo lo que se publique en la consola ha de tener al menos un componente jugable gratuito. Sea el juego entero completamente gratuito, sea con DLC’s añadidos de pago, sea con núcleo gratuito y sistema de micropagos, sea el primer nivel, sea una versión de demostración, el jugador tiene que saber qué está pagando si va a hacerlo, lo que sea, pero que no haya de invertir su dinero a ciegas, y cada desarrollador tendrá control ABSOLUTO sobre su obra y no sujeto a lo que diga nadie.

Obviamente vienen los listillos a decir “Yo para esto tengo ya un móvil”. Ni los móviles te dan la experiencia de jugar en tu TV con mando, ni sus baterías duran lo suficiente como para permitir una sesión de juego como mandan los cánones, y eso sin contar que aun en el extraño caso de que tengáis un dispositivo que lleve un Tegra 3, éstos están optimizados para su uso móvil y OUYA tiene la ventaja de que, al ser consola de sobremesa, todos los recursos posibles pueden centrarse en el rendimiento, ofreciendo el auténtico poder no explorado del chip.

Uno diría: “¡Si la consola va con Android le meto yo los juegos y ya está!”. Pues no. Todos los juegos que se descarguen se registran en tu cuenta de OUYA para evitar piratería, aparte de otros métodos de seguridad no-intrusivos, que siempre son mejores que la sana costumbre de SONY de meterte un bonito rootkit en tu consola para ver qué haces.

Otros dirán: “¡Pero si esto tiene menos potencia que la Xbox!”. Bueno, llevamos desde dos mil seis o por ahí con la Wii, que viene a tener la potencia gráfica de la Gamecube, y no me negaréis que ha sido un éxito comercial. De todos modos, OUYA cuesta unos 90 euros con un mando y gastos de envío incluidos, así que no sé qué más se puede pedir, sobre todo cuando grandes empresas apoyan el modelo de la consola (Con juegos de salida como Legends of Aethereus o Final Fantasy III). De todos modos, un Tegra3 al servicio de todos los desarrolladore s que lo quieran, sin límite de ningún tipo, sigue siendo un bicho muy aprovechable.

No obstante, donde obra la verdadera magia de OUYA no es en su diseño (Cortesía del gran Yves Béhar) ni su interior, ni el modelo de juego gratuito, sino su dedicación. La consola ha sido financiada mediante Kickstarter (Donde recaudó una auténtica millonada de entusiastas que deseaban cambiar el mundo digital), y se está haciendo como los jugadores la piden. De hecho, hace escasos días se anunciaban importantes modificaciones en el mando en respuesta a las peticiones de los jugadores, que ha resultado, sorprendenteme nte, que sí que saben lo que quieren.

Además, Unity (Un motor 3D) presentó un concurso para la comunidad de desarrolladore s de OUYA en el que todo el que quisiera tendría 10 días para hacer un juego, aunque fuese la demo, y el ganador se llevaría una licencia de Unity Pro y un pastizal en metálico. En diez días se presentaron 166 proyectos. Que se dice pronto. 166 juegos potenciales en diez días son MUCHOS juegos.

Así que, damas y caballeros, ladies and horses, me atrevería a decir, con poco miedo a equivocarme y que por ello me hayan de llevar a la hoguera donde arda entre alegres llamas del vistoso fuego purificador, que en el siglo XXI, donde cada usuario puede crear su propio contenido y subirlo a mil cien sitios distintos para hacerlo público, los jugadores al fin vemos cómo la capacidad de desarrollar es liberada sobre los propios jugadores, que pueden rellenar todos los huecos vacíos que quedan en el mercado videojueguil.

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